ECLIPSE, BODA Y PRIMAVERA EN INVERNESS

No podía ser que confluyesen el mismo día 20 de marzo un eclipse solar, la llegada de la primavera y la boda de unos amigos de Inverness. Pero fue.

Yo me di cuenta ayer mismo, abandonando ya Clava Cairns, cementerio prehistórico cerca de Inverness; lugar que elegimos (Jose y yo)  para  dejar que el  eclipse solar nos envolviese en la semi oscuridad. Rodeados de un místico silencio éramos los dos únicos visitantes pisando piedras cargadas de misterios y leyendas. Son las  mismas que aparecen en la serie “Outlander”, esos menhires que con sólo tocar y cerrar los ojos te trasladan al siglo XVIII.

Por la tarde, tras recorrer carreteras angostas que atraviesan hayedos centenarios asistimos a la ceremonia civil de nuestros amigos en una casa señorial de mediados del diecinueve construida entre robles.  Paredes cubiertas de cuadros de la familia Geddes, libros en cualquier esquina o escalera, trofeos de caza por doquier, tableros de billar,un ambiente encantado.

Nunca antes había estado en una boda escocesa, así es que lo que cuento es lo que vi, pero no sé si son siempre así.

Aquí es el novio quien recibe y da la bienvenida a cada uno de los invitados. La novia es la última en llegar.

Los novios no admiten regalos, por lo menos en esta boda. Los hombres y los niños llevan su kilt con soltura y elegancia, me sorprendió cómo el hombre que estaba delante de mí se acomodaba el kilt (nunca lo llames “falda”)  al tomar asiento, usó un gesto enteramente femenino para mí: ajustarse la falda con una o ambas manos al pompis para así no sentarse sobre la carne desnuda y evitar el frío de la silla y otras inconveniencias, como impedir que se te arrugue la prenda.

Los anillos de los novios metidos en una bolsita de tela van pasando de mano en mano de todos los invitados y en los pocos segundos que permanecen contigo has de pensar el mejor de tus deseos para la felicidad de los prometidos. Cuando por fin los anillos terminan su periplo éstos acaban descansando en los dedos anulares de los contrayentes.

Y sigue el ágape, exiguo si lo comparamos con los menús de las bodas pantagruélicas españolas. Y sigue el alcohol, y sigue el descubrimiento de personas que siempre ocuparán un lugar en el recuerdo, y el paso de otras que, como tarde mañana, se habrán perdido para siempre. Y sigue el baile ceilidh: maravillosas danzas grupales de las Highlands que se aprenden desde niño en las escuelas, y todos bailan al son de un violín y un acordeón que elevan el ánimo de los desanimados. 

Y siguen los caminos en la noche, de vuelta a casa, donde se vislumbran árboles durmientes,  donde cervatillos despabilados brincan tras mamá cierva y hacen que  se te agranden los ojos a la belleza del bosque nocturno.

Y hoy  Inverness, dando un guiño a la primavera que ya está aquí, nos ha regalado un día espléndido  para recorrer las calles que  se me hacen adorables, los rincones y lugares que se han convertido en entrañables. Olores que sólo pertenecen a un lugar y no son intercambiables.

Confluyeron la boda, el eclipse y la primavera en Inverness. De ello doy fe. Bendito marzo.

 

Si quieres visitar “Clava Cairns” te lo mostramos en la excursión “Clava Cairn. Culloden. Cawdor”

Si quieres visitar Inverness te lo mostramos en la visita“Inverness Tour”

 


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1 Comentario

  1. Blanca
    marzo 22nd

    Qué bonita experiencia, no?
    Lo mejor de todo, eso de que los novios no acepten regalos. Así sí que da gusto ir a bodas!

    Un abrazo

    Blanca y Unai (deseando volver a Inverness, aunque este año toca Italia)

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